No nos gustan los listillos
Por la actitud que tenemos algunos liberales, sí, de estos que queríamos ser como Carlos Rodriguez Braun y Von Mises, y cada día nos parecemos más a Ayn Rand y Oriana Fallaci (culpable, confieso), nos llevamos unas reprimendas terribles.
Algunas de ellas motivadas por nuestra actitud prepotente y chulesca, supongo, como la que me obsequia uno de los visitantes de la página cuando escribe: "De todas maneras, yo no estoy tocado por la infinita sabiduría que parecen tener los liberales(sólo soy uno más del populacho), así que me gustaría también que me iluminase y dijese si estoy equivocado o no."
Vaya, supongo que es una persona de gran sentido del humor, pero no nos conoce lo suficiente. Los liberales siempre estamos protestando contra y criticando a quienes creen tener un sistema perfecto que deben imponer a la gente.
Los liberales sólo creemos en las prohibiciones sobre actos que dañan a terceros, y no tratamos de imponer nuestro modelo de sociedad, sino que creemos que ésta surge de la libre decisión de los individuos que la conforman.
Nuestra modestía intelectual llega hasta tal punto que en lo único en que coincidimos es en que hay que dejar un mayor espacio de libertad al individuo para que sea éste quien decida sobre su propia vida. Hasta tal punto llegamos, sabiendo que hay individuos que se equivocarán en sus decisiones, en no tratar de imponerles obligaciones emanadas ni siquiera de nuestras convicciones.
Claro que nuestras críticas son apasionadas, le entregamos nuestros duros corazones a la ídea de libertad y algunos creemos además que no sólo es buena per se, sino que un sistema más respetuoso con la libertad de los individuos crea un entorno donde estos pueden disfrutar de un nivel de vida mejor y pueden perseguir sus objetivos con mayor facilidad.
Nuestras críticas también son feroces, sobre todo contra los instalados en la ídea tan extendida de que es bueno restingir la libertad del individuo por su bien. Tratamos de sacar a la vista sus contradicciones, a veces de un modo muy duro. Las palabras pueden herir, pero suponemos que hace más daño un prejuicio. Como este de escribir en primera persona del plural. Y es que a veces la costumbre nos puede. Culpable de nuevo.
Con nuestras propias armas
Me gusta la nueva idea de cobrar más por las películas extranjeras que propone la ministra de cultura, porque, aunque algunos tengan dudas en otros casos, nadie puede negarme que este impuesto es un robo.
Ya hablé en otro artículo que la defensa de la cultura de las "influencias" extranjeras, no hacía sino perjudicar a la propia cultura.
Pero eso no es un problema para los defensores del colectivismo, pues prefieren que los que marquen la cultura sean aquellos que piensan como ellos. Bastiat dijo que "El Estado es la gran mentira por la cual todos tratan de vivir a expensas de los demás", pero vayamos más lejos, si los beneficiados son justo aquellos que pueden influenciar en la opinión de muchos de los demás, como es el caso, el círculo se cierra. El sistema se realimenta a sí mismo.
Los colectivistas tiene una gran ventaja: Son capaces de utilizar el Estado para facilitar y dificultar el acceso a las opiniones, información y cultura, que son contrarias a sus ídeas. Son capaces de uniformar la educación y convertirla en un transmisor de sus ídeas; si la educación es pública, y por tanto colectivista, es inevitable que se defienda a sí misma y con ella el concepto de estado interventor.
Pero no sólo se limita a esto: ¿Es razonable que si se limita el número de radios y televisiones (como ocurre en la actualidad) alguna de ellas sea favorable a la liberalización? Al contrario, salvo excepciones puntuales, querrán que el mercado continúe como está. Defenderán que más competencia atenta contra el consumidor, y ellas, al contrario que las empresas de otros sectores, tienen medios suficientes para influir sobre la gran mayoría de la población.
¿Es posible que alguien que recibe subvenciones se muestre contrario a ellas y defienda en público la postura?. Lo es, pero muy difícil.
Mientras tanto los intentos de que la gente al menos conozca el liberalismo, están seriamente limitados. Sus iniciativas se ven frenadas por la desventaja que supone competir con otras que sí aceptan subvenciones, o que ni existirían de otra manera .
Los liberales debemos ser conscientes de nuestras limitaciones, aunque al mismo tiempo sean nuestras fortalezas: Nadie puede acusarnos de defender nuestras ideas para aprovecharnos de los demás.
Cine-Una de zombis
Para los amantes del género, después de la decepcionante "Beyond reanimator", llega al cine "Una de zombis", la última producción de Santiago Segura.
La película es enormemente divertida de principio a fín, en parte por las divertidas situaciones y en parte por las referencias a este tipo de "subcultura" que creo todos los jóvenes reconocerán. Seguramente esto último sea debido a que el guión y la dirección ha corrido a cargo de "friquis".
Como en todas las péliculas producidas por Santiago Segura, los "cameos" de personajes conocidos son constantes y él se reserva uno de los papeles, el del malvado de turno.
Una comedia divertida, de las que a día de hoy ya empieza a ser difícil encontrar.

