Convicciones y valor.
Convicciones
Debiera ser insólito ver a los detractores de la pena de muerte defendiendo que los asesinatos, si provienen de terroristas, tienen una justificación
Debiera ser insólito ver que los mismos que califican de asesinato una pena de muerte que ha sido causa de un proceso judicial con todas las garantías utilizan todas las metáforas posibles para referirse a un asesinato real de un grupo de fanáticos alucinados.
Debería ser insólito, pero es cierto. Es una desgracia para los que creemos que la muerte solo está justificada en situaciones excepcionales de defensa propia, que haya algunos que otorguen a los asesinos un estatus que niegan a las víctimas y al mismo tiempo digan defender la vida.
Valor
Hace poco nuestro presidente del gobierno dijo que hacía falta más valor para la paz que para la guerra. Es cierto. Hace falta mucho valor para defender la paz contra los asesinos, los criminales, los terroristas.
Ibarretxe que llega a acuerdos con terroristas (no los suficientes para su gusto) y desprecia a sus víctimas. Podría enfrentarse con los terroristas, no con las víctimas pacíficas. Pero hace falta valor.
Carod Rovira se reune con Eta, apoya a los terroristas de Terra Lliure y pide a los etarras que atenten contra otros. Podría haber contribuido a detener a unos asesinos, podría denunciar el terrorismo y podría declararse en defensa de todas las víctimas inocentes, sin que importe de donde son. Pero hace falta valor.
Zapatero quiere una alianza internacional con los amigos de los terroristas y los países que defienden sistemas que crean el hambre . Para luchar contra el terrorismo, y para acabar con el hambre. Podría enfrentarse al terrorismo y defender el capitalismo. Pero hace falta valor.
La cuestión de los astilleros públicos.
Los sindicatos de los astilleros públicos se manifiestan, rompen el mobiliario público, cortan carreteras, reciben el demagógico apoyo de todas las fuerzas parlamentarias menos el Psoe, salen en la televisión y como resultado tienen una mejor posición para negociar.
Los impuestos necesarios para mantener empresas ruinosas (vease mi anterior post) han hecho descender los beneficios de las empresas que sí crean riqueza. Han convertido en menos rentables muchos trabajos, y han supuesto la pérdida de empleo de muchas personas. ¿Cuantas? Imposible de saber.
Resulta muy triste que estos trabajadores se queden en la calle, pero la realidad es que lo que cuesta mantener sus puestos de trabajo sale de la desgracia de otros trabajadores. Ellos ganan porque otros pierden.
Algunos argumentan que la pérdida de empleo tan masiva es una desgracia mayor que la que se produce de forma disgregada, pero es difícil suponer que la tragedia de estos trabajadores sea mayor que la que sufren muchos otros en toda España (más de trece mil parados más en Agosto), todavía más si tenemos en cuenta que los trabajadores de los astilleros tendrán unas condiciones de despido de las que no disfrutan los otros trabajadores.
Todo lo que se ha hecho conducía a un callejón sin salida. Y esto lo debieron conocer ellos, los sindicatos y los políticos que han estado ocultándolo con parches durante tanto tiempo.
No existe una solución "buena", pero la que no debería contemplarse como posibilidad es la continuidad de los astilleros públicos. Cierren los astilleros, véndanlos al mejor postor, indemnicen a los trabajadores de forma generosa, pero no transladen una vez más el problema al futuro. Sería una irresponsabilidad.
El beneficio. Media lección de economía y política.
A menudo nos oirán a los liberales defender la bondad de los beneficios, decir que son ellos los que deben dirigir las acciones de los productores, etc. Todo esto suele ser combatido por el prejuicio de que tener beneficios es un fín egoista, y que hay principios más elevados. Examinemos pues estos.
La producción es el proceso por el cual se crea riqueza. Se utilizan unos recursos (entre los cuales está la mano de obra) y se generán unos productos o servicios con mayor valor.
Cuando una empresa tiene pérdidas, es porque está utilizando recursos para generar otros de menos valor, es decir que está destruyendo riqueza.
En el libre mercado las empresas van siendo substituidas por aquellas que reportan más beneficio. Pero en el mercado intervenido (y aquí tenemos el ejemplo de las empresas públicas) las empresas creadoras de riqueza se ven obligadas a mantener a otras destructoras de riqueza.
Algunos opinan (y siempre oirán a los políticos decir esto) que los puestos de trabajo de las empresas públicas justifican las pérdidas obtenidas. Pero si examinamos el coste de cada uno de los puestos de trabajo nos podemos llevar la sorpresa de que nos puede salir más a cuenta tener a los trabajadores mano sobre mano y cobrando el sueldo, a tal punto llega la destrucción de riqueza de su actividad.
En el próximo artículo trataré de ampliar este tema "a costa" de los astilleros Izar.
Bambi tiene una pistola (y está dispuesta a usarla)
Me habían llamado muchas cosas a lo largo de mi vida, pero nunca me imaginé que pudiera resistir ciertas comparaciones. En primer lugar porque creo que supero a quienes antes han tenido tan gran honor (y que mi abuela supera a otras también). Tengo un dominio un poco mejor del inglés e increiblemente mejor de la economía, a la que he dedicado algo más de dos tardes, de forma totalmente amateur, eso sí. Es que nunca me han dejado la oportunidad de poner en práctica mi ignorancia usando un país como laboratorio.
Así que cuando recibo un comentario como éste: "En el jardín de Bambi reina la felicidad. No hay depredadores, los cervatillos intercambian comida libremente con otros animales, no hacen falta leyes ni policías, todo el mundo respeta su libertad y la de los otros" no puedo dejar de asombrarme. Y más cuando en mi artículo anterior, en el que se realiza este comentario, dedico un segundo párrafo a desmarcarme de mis amiguetes anarquistas.
Yo creo que hay personas malas por el mundo, y que los criminales acuden a donde tienen oportunidad de beneficiarse más (o de dar rienda suelta a sus peores incloinaciones) a costa de los inocentes cervatillos. Por eso creo que hacen falta policias, y jueces, y leyes. Y hasta código de circulación, que a fascista no me gana nadie.
La única diferencia que tengo con otros, es que creo que todos éstos deben dedicarse exclusivamente a proteger la libertad, los derechos negativos, y no a prohibir a alguien que plante vides, que abra en domingo o a ejercer cualquier otro tipo de coacción. Creo que deben existir las leyes, los policias y los jueces, para proteger y servir, no para imponer y dictar.
No se preocupe Javier, que al menos hay un Bambi en el mundo dispuesto a dejarse la piel por los cervatillos, con peor talante, pero con unos dientes que asustan. Avisados quedan.
¿Para que sirve el intervencionismo?
Algunos pensamos que el único límite que se debe poner a la libertad de uno es el necesario para defender la libertad de un tercero, entiendase por tal la ausencia de agresión contra él. Entendemos como libertad la ausencia de coacción.
Algunos creemos que, de una u otra forma, la anarquía es un régimen transitorio, y que la sociedad se instituye para proteger los derechos de los individuos. Ésta es la única función de la sociedad, combatir la coacción (o como Ayn Rand lo denominaba: el inicio de la violencia sobre terceros).
Otros defienden que la intervención debe ir más allá, que el intervencionismo es necesario para evitar las malignas consecuencias de dejar a la gente actuar en libertad (vease el primer párrafo).
Asi que me he decidido a hacer una lista de los efectos del intervencionismo:
Efecto 1) Ganar los votos de un montón de ignorantes.
Efecto 2) Impedir a los individuos actuar de forma pacífica y voluntaria.
Alguien puede creer que el intervencionismo nos hace más guapos, más altos, más fuertes y mas listos. Pero yo trato de escribir sobre la verdad, no sobre mitos sin demostrar.
Para abucheos, reprensiones, insultos, refutaciones, amenazas y spam sobre venta de viagra, diríjanse justo debajo de "escribe un comentario".
Condiciones de trabajo (y 3)
Aparte de visitar la magnífica web de Jorge Valín , que incluye varios trabajos sobre el tema, uno de los últimos muy a cuento de lo que se comenta aquí estos días, voy a tratar de responder a los puntos oscuros de mis anteriores artículos. A ver si me gano un poco la santidad.
Mitos:
1) El empresario tiene ventaja frente al trabajador.
Esto es cierto exclusivamente en las sociedades sin libre mercado, donde los trabajadores no pueden buscar el mejor trabajo, sino que se ven abocados al paro, de ello escribí en el primer artículo de la serie, al que me remito. Para mayor demostración veanse los trabajadores de sueldos millonarios: deportistas, artistas, creadores de blogs (ejem)... por pura ley de la oferta y la demanda, a menor paro se mejoran las condiciones de contratación.
2) Las condiciones de trabajo se mejoran vía regulación
Es cierto que un empresario nunca pagará más de lo necesario para realizar una determinada labor. Caso contrario no serían empresarios, sino políticos o hermanitas de la caridad. Pero también es cierto que la gran mayoría de los trabajadores cobrán más del sueldo mínimo, lo que desmonta la teoría de que los empresarios mantienen a los trabajadores en las condiciones mínimas que marca la ley.
3) La regulación no aumenta el paro .
A esto responderé con la misma pregunta con que finalicé mi anterior artículo ¿Por que hay personas que aceptan voluntariamente trabajar fuera de la ley?, pues todas éstas, más las que no hacen igual por temor o respeto a la ley, son aquellas a quienes la regulación impide trabajar en la legalidad.
4) Los países con menor regulación laboral no tienen ventaja competitiva y no crean más empleo
A igualdad de otros factores, y si los empresarios buscan reducir el coste de los trabajadores se transladarán a aquellos lugares con menor regulación, donde contratar o despedir a un trabajador es más barato. Lo mismo por lo cual las empresas se deslocalizan, y aceptan quedarse si los trabajadores renuncian a varias de sus condiciones de trabajo (vease varios casos en Alemania donde los trabajadores renuncian a horarios y turnos de trabajo).
5) El valor de un trabajo no depende de la productividad
Quizás para los políticos no, pero para los empresarios y los consumidores, si su intención es obtener el máximo beneficio o rentabilidad por su dinero, sí lo es. Yo pago un euro por un pastel, y no me importa el tiempo que se ha tardado en hacer. Si alguien hace el doble de pasteles por hora, su trabajo valdrá más que el de aquel que sólo produce uno. Nadie reclama cuando compra pasteles saber el tiempo que se han tardado en hacer, ni cuantos trabajadores han intervenido. Si alguien hace el pastel con menos tiempo, ganará más dinero. Así de simple.
No nos gustan los listillos
Por la actitud que tenemos algunos liberales, sí, de estos que queríamos ser como Carlos Rodriguez Braun y Von Mises, y cada día nos parecemos más a Ayn Rand y Oriana Fallaci (culpable, confieso), nos llevamos unas reprimendas terribles.
Algunas de ellas motivadas por nuestra actitud prepotente y chulesca, supongo, como la que me obsequia uno de los visitantes de la página cuando escribe: "De todas maneras, yo no estoy tocado por la infinita sabiduría que parecen tener los liberales(sólo soy uno más del populacho), así que me gustaría también que me iluminase y dijese si estoy equivocado o no."
Vaya, supongo que es una persona de gran sentido del humor, pero no nos conoce lo suficiente. Los liberales siempre estamos protestando contra y criticando a quienes creen tener un sistema perfecto que deben imponer a la gente.
Los liberales sólo creemos en las prohibiciones sobre actos que dañan a terceros, y no tratamos de imponer nuestro modelo de sociedad, sino que creemos que ésta surge de la libre decisión de los individuos que la conforman.
Nuestra modestía intelectual llega hasta tal punto que en lo único en que coincidimos es en que hay que dejar un mayor espacio de libertad al individuo para que sea éste quien decida sobre su propia vida. Hasta tal punto llegamos, sabiendo que hay individuos que se equivocarán en sus decisiones, en no tratar de imponerles obligaciones emanadas ni siquiera de nuestras convicciones.
Claro que nuestras críticas son apasionadas, le entregamos nuestros duros corazones a la ídea de libertad y algunos creemos además que no sólo es buena per se, sino que un sistema más respetuoso con la libertad de los individuos crea un entorno donde estos pueden disfrutar de un nivel de vida mejor y pueden perseguir sus objetivos con mayor facilidad.
Nuestras críticas también son feroces, sobre todo contra los instalados en la ídea tan extendida de que es bueno restingir la libertad del individuo por su bien. Tratamos de sacar a la vista sus contradicciones, a veces de un modo muy duro. Las palabras pueden herir, pero suponemos que hace más daño un prejuicio. Como este de escribir en primera persona del plural. Y es que a veces la costumbre nos puede. Culpable de nuevo.
La condiciones de trabajo y2
Javier critica mi artículo anterior, porque, ejem, dice que no contemplo todos los aspectos del tema. Y me recomienda su artículo en diario de un liberal . Lo cierto es que me explique fatal, así que tratare de ampliar y mejorar mis razonamientos.
Digamos que respecto al tema hay dos teorías enfrentadas:
- La pro-regulación: que opina que las condiciones de trabajo dependen de la regulación, y que sin estas la situación de los trabajadores empeoraría. Aquí se podrían incluir las teorías sobre el ejercito de desempleados y la ventaja del empresario frente al trabajador. Ésta defiende que hay que restringir la libertad de contratantes y contratados para fijar las condiciones de trabajo.
- La anti-regulación: que es contraria a que se introduzcan limitaciones a los actos voluntarios, y defiende que las condiciones de trabajo tienen que ver, principalmente, con la riqueza. También que la legislación reguladora aumenta las dificultades de contratación y aumenta el paro, creando una situación contraria a los intereses de empresarios y trabajadores.
Les recomiendo a todos que lean el artículo ya mencionado , para conocer otra postura crítica con mis argumentos.
Primero: Derechos laborales vs. eficiencia.
Tiene razón en que los derechos laborales y la eficiencia están reñidos; disminuir las regulaciones (y entre éstas las laborales) aumenta la eficiencia. También la competencia internacional trabaja en el sentido de favorecer que los puestos de trabajo se creen en los lugares donde la regulación laboral es menor. No es éste en mi opinión el criterio más importante pero podríamos afirmar que a igualdad de otros factores los países con menor regulación laboral tienen una ventaja competitiva que les hace crear más empleos, y que trabaja en contra del empleo en los países con una regulación más dura.
Claro que la afirmación del párrafo anterior es un tanto tramposa, porque la relación funciona tambien en el sentido contrario. Así, las condiciones de trabajo de aquellos países a los que hace pocos años llamaban "fábricas de sudor", a medida que su nivel de vida aumentaba debido a la industrialización, han mejorado a pasos de gigante.
Pero de acuerdo con el primer párrafo, si hicieramos un cómputo global, conociendo que las regulaciones son contrarias a la eficiencia, es positivo para todos, es decir que en el conjunto del planeta la gente es menos pobre. Pero continuaré con la disquisición teniendo en cuenta el hecho de que muchos prefieren que las condiciones de los trabajadores de los países ricos no empeoren, y que no les preocupa en absoluto las condiciones de los trabajadores de los países pobres.
Segundo: La relación entre productividad, riqueza y condiciones de trabajo.
Mises decía que las condiciones de vida no pueden aumentar permanentemente sin un aumento de la producción. Consumir más de lo que se produce es imposible durante un tiempo prolongado. En definitiva, si quieres más por tu trabajo, debes crear más valor con él, es decir aumentar la productividad.
Dicho de otra forma, los bienes y servicios que se producen son los que están disponibles para ser utilizados. Si mejora la productividad, la gente puede, con menos trabajo, disfrutar de los mismos o más. (Mises lo explicaba mucho mejor, por supuesto).
Hay puestos de trabajo, como el de los masajistas u otros cuya productividad no parece poder mejorar (en el sentido de que es difícil dar más masajes en menos tiempoo mejorar su calidad), pero lo cierto es que si las demás profesiones aumentan su productividad (y por tanto su riqueza disponible) el trabajo de un masajista es más valorado. En cierta medida se podría decir que aumenta el valor de lo que produce porque los demás están dispuestos a pagar más por él y que por tanto, aumenta su productividad. Un poco confuso, pero al fín y al cabo, al masajista le basta con saber que trabajando lo mismo o menos va a poder acceder a más y mejores bienes y servicios, como los operarios de las fábricas.
Tercero: ¿Es la regulación de los derechos laborales la que ha aumentado el bienestar de los trabajadores?
Como decía en el punto primero, los países que hace unos años aceptaron el libre mercado han podido eliminar el trabajo infantil debido al aumento de la riqueza. Sé que suena muy duro decir algo como esto, pero muchas familias del tercer mundo necesitan el trabajo de los menores de edad, como nosotros lo necesitabamos no hace demasiadas décadas. Esdto es verdaderamente triste, pero sería aún peor ocultar sus condiciones de vida si buscamos una solución.
Es esto lo que han hecho algunos de los críticos del trabajo infantil en los países del tercer mundo donde se instalan fábricas, despreocuparse de cuales eran las condiciones de esos niños antes de instalarse las fábricas, o en los países donde no se instalaban.
Muchos de los beneficios que achacamos a las normas no han surgido de ellas, sino de la capacidad de la economía para mantenerlas. Podemos demandar que en los países subdesarrollados se prohíba el trabajo infantil, pero si esto se hace estamos condenando a muchos de ellos o bien a incumplir la ley (incluso obligándoles a trabajar en peores condiciones) o bien a morir de hambre. También podríamos decirles que mantengan lo que muy desafortunadamente llamamos el "Estado de bienestar" al estilo europeo, pero simplemente no tienen recursos para ello, y es muy probable que prefieran reinvertir los pocos que tienen para mejorar sus procesos productivos. Aunque mucha gente sea contraria a esta idea, nuestras leyes redistributivas no pueden darles acceso a la riqueza que no tienen. La riqueza necesaria para construir hospitales y escuelas no surge espontaneamente de la nada, mucho menos de restar recursos en economías de subsistencia y trabajos casi improductivos.
Cuarto: Qué queremos y qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlo
Así pues la mejora de las condiciones de vida de los países pobres pasan por aumentar su producción, lo que significa también dar entrada a las inversiones extranjeras. He aquí que también nuestro interés "egoísta" se puede ver satisfecho: Los que consideran a los trabajadores de los países pobres como competidores para los trabajadores de los países ricos, debieran estar contentos de que alcancen nuestro nivel de riqueza lo antes posible.
También podríamos mejorar temporalmente sus condiciones de vida con parte de nuestra riqueza, aunque caeríamos en una paradoja: No queremos que los trabajadores de los países pobres produzcan para que no compitan con los de los países ricos y les perjudiquen, así que obligamos a los segundos a ceder parte de su riqueza, y llegamos a la conclusión de que hemos sido nosotros los creadores del perjuicio y al mismo tiempo de una relación de dependencia de los pobres.
Una aclaración: Es evidente que los sindicatos pueden mejorar las condiciones de vida de algunos trabajadores, pero tendríamos que plantearnos si es justo hacer esto, a costa de todos aquellos que debido a las regulaciones no podrán acceder a un puesto de trabajo (parados involuntarios), mejorar su situación laboral o trabajar de manera legal.
Sobre todo deberíamos planearnos si es justo que el bienestar de unos pocos sea más importante que la libertad de actuar voluntariamente de terceros.
Para los que no están convencidos, hay personas que voluntariamente trabajan fuera de la ley, ¿Por qué lo hacen? ¿Ha mejorado las leyes la situación de estos?.
¿Por qué hay malas condiciones de trabajo?
Cuando uno defiende que lo que debe prevalecer en el mercado laboral son los tratos voluntariamente aceptados por las partes, se suele enfrentar a las acusaciones de estar defendiendo a los empresarios explotadores, puesto que, dicen, tienen estos la sarten por el mango, mientras que los trabajadores no tienen más remedio que aceptar las condiciones que los primeros quieran imponerles.
¿Acaso los trabajadores no pueden buscar las mejores condiciones para prestar su trabajo?, no, argumentan, porque hay mucho paro y la seguridad de poder encontrar uno rápidamente no es muy alta.
Las leyes son pues, según los defensores del pensamiento más extendido (sí, ese que acusa al resto de ser el pensamiento único que se impone), las que deben proteger a los trabajadores, dificultar su despido, garantizar una renta mínima...
Aquí es donde disentimos. Los liberales creemos que la mejor forma para que mejoren las condiciones de vida de todos los trabajadores son crear las condiciones en las cuales ellos mismos puedan encontrar las mejores. En un entorno de bajo paro, los trabajadores, buscando su propio interés, expulsan del mercado a las empresas que ofrecen las peores condiciones de trabajo . Defendemos, entre otras cosas por esto, un libre mercado de trabajo, sin leyes cuya consecuencia es el aumento del paro.
Hace poco conocí el caso de una empresa que había empleado metodos no muy éticos para despedir a varios empleados sin pagarles la indemnización correspondiente. Por una parte, no creo que el método fuera correcto, pues la indemnización es parte del contrato que obliga a ambas partes a su cumplimiento, por otra creo que hubiera sido mejor
que ambas partes hubieran convenido libremente el monto de las indemnizaciones. Pero la cuestión es que el resto de los empleados consideraron la medida injusta, pero se quedaron en sus puestos de trabajo.
Es evidente que no se quedaron por confianza en el futuro o lealtad a la empresa, sino por el temor de convertirse en parados.
En un entorno con bajo paro, éste temor desaparecería, y lo lógico es que una empresa que trata mal a unos trabajadores tuviera muy difícil conservar al resto de ellos o conseguir a buenos en el mercado. Al contrario, las empresas que quisieran mantener y conseguir a los mejores trabajadores mejorarían las condiciones laborales y la lealtad hacia sus empleados. Si esto ya sucede en aquellos puestos de trabajo que disfrutan de poco paro, ¿porque no extenderlo al resto?.
Notas:
1) Forma parte del ideario marxista la defensa de la existencia de un ejército de parados, que los empresarios podrían mantener en el nivel de la pobreza y del que podían disponer según sus necesidades. Y es ésta, de una forma un tanto diferente, es la base de lo que piensa la mayoría de la gente.
2) A riesgo de que me señalen como rádical, indicaré que también era fórmula oficial del modo de actuación de los partidos comunistas, en su intento de implantar el socialismo, echar a los demás la culpa de la consecuencia de sus actuaciones; así nada mejor que empeorar la vida de los trabajadores, por ejemplo con medidas que aumentasen el paro, para lograr convencerles de que es ahí a donde conduce el capitalismo.
3) No he contabilizado la que se supone costumbre arraigada en España, de tratar de obtener un trabajo fijo y conservarlo toda la vida. Creo que esta es una consecuencia, y no una causa, de un problema que llevamos arrastrando desde hace mucho tiempo, al principio con el proteccionismo del franquismo, y en la actualidad con las nefastas leyes laborales.

