¿Es mejor gastar más?

Hace pocos días el gobierno anunció que se iban a destinar 36 millones de euros más (estaban previstos 819) para becas. Algunos han calificado esta medida como muy buena.

Esta acción no es una buena ídea, es simplemente algo que se ha hecho. Podría ser meritorio para PR (presidente Rodriguez) sólo si se diera alguna de estas dos circunstancias:

1) Que pusiera el dinero de su bolsillo.
2) Que al mismo tiempo redujera otros gastos, pues podría considerarse que gasta "mejor", que es mejor destino para el dinero que el anterior.

Pero lo que presenta es la ilógica puesta al servicio de la propaganda: Cualquier gobernante puede decidir que quitará más dinero a los ciudadanos para destinarlo a gastos adicionales. Porque esto es lo que hace PR, aunque el cobro quede postergado y oculto en el déficit (¿no es el déficit mentir?)

En relidad el gobierno no ha incrementado nada, porque no ha creado nada. Pero creo que continuaremos oyendo lo bueno que es PR por el dinero que "da" a los estudiantes, incluso alabando su generosidad. Olvidaremos la condición necesaria e indispensable para la existencia de la generosidad.

Mayo 26, 2004, 8:45 PM | Comentarios (4) |

Querido tirano

Algunos niños sueñan con tener un poder absoluto y utilizarlo para obligar a la gente a ser buena, generosa y educada; para imponer un mundo perfecto donde todos, obligados por el tirano bondadoso, abandonen el crimen, la guerra y el egoismo.

Con el tiempo algunos de ellos se convierten en acérrimos defensores de la ONU. Otros maduramos.


La adoración al poder omnipotente, capaz de imponer lo bueno, es típico de aquellos que creen saber lo que es mejor para los demás y quieren imponerlo: los colectivistas.

Ellos conocen sus antecedentes históricos: los tribunales de la inquisición, el fascismo, el socialismo, el nazismo... pero no se desaniman por ello. Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver, pero es falso; el peor ciego es aquel que reconoce lo que ve pero aún así sigue teniendo una fe inquebrantabe en lo que sabe que es falso.

Los defensores de la ONU también se dan cuenta de las decisiones contrarias a la libertad y los derechos humanos que toma esta institución, de paradojas tales como que países donde no se respetan los más elementales de los derechos humanos decidan sobre los mismos, pero incluso así siguen defendiendo que debe disponer de más poder decisorio y ejecutivo. Nunca he logrado que ninguno de ellos me respondiera a la pregunta ¿No sería mejor que antes de reclamar más poder para la ONU se reclamase que ésta se convirtiera realmente en la institución que defienden? ¿acaso no es peligroso darle más poder mientras siga siendo un organismo corrupto?.


En todos los regímenes se habla siempre de aquellos que las apoyaron, creyendo en la bondad de sus gobernnates. En ocasiones se defiende que una suerte de extraña ceguera colectiva impedíó a la mayoría de los alemanes conocer las mayores atrocidades que se habían cometido en el régimen nazi.
¿Por qué los colectivistas tienen tanto éxito entre nosotros? Porque saben que su mejor defensor y aliado es la especie del tonto útil. Aquel que cree que todo el mundo es bueno y moderado, y se niega a admitir las pruebas en contra.

Mayo 24, 2004, 4:33 PM | Comentarios (4) |

Todos queremos a los ricos

Es normal cuando se defiende el capitalismo "el libre y voluntario intercambio", recibir la acusación de estar defendiendo en realidad a los ricos. Esto surge del convencimiento en el enfrentamiento entre los intereses de ricos y pobres que forma parte de la ideología de una gran parte de la población.

Pero esto no es cierto del todo. Los liberales defendemos a los que se han convertido en ricos creando riqueza, es decir, sirviendo mejor a los demás en un mercado libre. Sin embargo los colectivistas, que dicen odiar a los ricos, están encantados con aquellos que han conseguido esta posición por favores del gobierno, tanto restringiendo el mercado para sus competidores como recibiendo subvenciones y otras dádivas.

Para los colectivistas el mérito no consiste en convencer de que forman parte de aquellos a los que el público no quiere pero que tienen un derecho para expoliarlos con el favor del gobierno: Aquellos cineastas cuyas películas pocos quieren ver, el industrial que fabrica productos que nadie quiere comprar, en una palabra, todos los que no sirven los deseos del público, los que fracasan en el mercado, tienen derecho a expoliar a este mismo público mediante regulaciones y subvenciones.
¿Y los "malos" ricos?. Compitiendo en un libre mercado, aquellos que son aceptados por los consumidores son los favorecidos. El mérito de servir mejor a los demás, de producir mejor, tiene su justa recompensa. Tanto más justa cuando el intercambio se produce por la libre voluntad de aquellos que reciben el producto o servicio.

Aquellos que, ayudandose de la ley, obligan a los demás a consumir sus productos o a pagarlos aunque no lo hagan, son los que están bien vistos en la sociedad. Los que consiguen su riqueza en competencia, ofreciendo los servicios que el público prefiere, creando riqueza, son llamados malvados y los depredadores. ¿No es el mundo al revés?.

Mayo 23, 2004, 9:03 PM | Comentarios (2) |

Iglesia y liberalismo

Me critica Neo, y con mucha razón, de mi anterior artículo, que mezclara el ser liberal con el ser ateo. Es muy cierto que la forma de escribirlo se apresta a la confusión, pero no era mi intención en ningún momento, como tampoco lo eran mis otros epítetos como insolidario, tacaño, o hijodeputa.

Me parece que la religión o la fe son una decisión del individuo, y aparte de mi crítica a que el Estado se inmiscuya en él, como en cualquier otro que forme parte del terreno de la intimidad de las personas, no tengo ninguna crítica.
Es más, creo que la religión católica está indisolublemente ligado a las ídeas liberales en más de un sentido. El mayor el del respeto al libre albedrío, sin el cual tanto la ídea de pecado, como la de virtud, serían una paradoja.

Más de una vez sin embargo he oído lo contrario: una encendida defensa de que Jesús era socialista, de manos de personas que tratan de compatibilizar sus creencias políticas y religiosas. Más de una vez hemos oído la maldición bíblica "ganarás el pan con el sudor de tu frente" y la máxima jocosa de que los socialistas son los que interpretan ésta como "con el sudor del de enfrente".
Nunca he leído además que Jesús defendiera que el Estado u otros deben obligar a la gente a ser generosa o que desconfiara tanto del ser humano que no dejara a su elección el ser bondadoso. Incluso existe una clara alusión a la obligada separación entre los asuntos de la Iglesia y el Estado "al Cesar lo que es del Cesar".

Era mi anterior artículo una defensa de la decisión personal de ser generoso, y en caso afirmativo, elegir a que buen fín debe destinarse el dinero. Una parte más de la libertad, poder rechazar a la Iglesia, al Islam, a las ONG y a la opinión pública sobre los que lo hacen. En ese sentido querría que se entendiera el artículo. Disculpenme los liberales cristianos por una confusión debida sin duda a escribir de manera poco clara.

Mayo 23, 2004, 4:42 PM | Comentarios (4) |

La casilla de la renta

La casilla de la declaración de la renta en la que declara la intención del sufrido pagante en apoyar a la Iglesia Católica, a las OMGs y dentro de poco, si no pasa nada, al Islam (que como no tiene organización formal irá a parar a los de siempre ), tiene una deficiencia: Le falta la casilla liberal.

Una casilla que podría incluir la siguiente descripción: Soy ateo, insolidario, tacaño. Y quiero quedarme quedarme con este dinero para gastármelo en lo que yo prefiera, sabiendo que por mi culpa cerrarán las iglesias, los pobres del tercer mundo se moririán de hambre. Y si pudiera me quedaría también con el dinero que destinan a los cineastas, a la cultura y televisión española. Llamadme hijodeputa, pero dejadme mi dinero.

¿No sería lógico que se permitiese también esta opción?

Mayo 21, 2004, 4:23 PM | Comentarios (10) |

Lo justo y lo social

La encendida, pero siempre insuficiente, defensa de la igualdad ante la ley, frente a la igualdad por la ley, suele tener un mal recibimiento en la mayoría de los ciudadanos atrapados por el pensamiento colectivista. Muchos, quizás la mayoría de nuestros conciudadanos consideran normal que lo social reemplace a lo justo, nada extraño si tenemos en cuenta que para el colectivismo ambos conceptos son una misma cosa.

"Lo justo" implica la aceptación de la existencia de una certeza: Que un individuo será juzgado de acuerdo a sus acciones, por medio de un patrón que puede conocer. Es cierto que los principios anteriores no garantizan que las leyes sean justas y las condenas por tanto merecidas, pero trato de defender que son condiciones necesarias, aunque no suficientes, para que la ley no abandone a la justicia. Frente al caracter de estas reglas tenemos las defendidas por "lo social".

Lo "social" es un concepto indefinido y por tanto sujeto a la conveniencia del momento y las personas afectadas. por eso tiene tantos defensores, todos aquellos que esperan verse beneficiados en algún momento por unas reglas que admiten una interpretación

Tenemos un buen ejemplo de lo anterior en la denominada alarma social (social, cómo no), que justifica si un delincuente ha de estar en la carcel o no. En buena lógica los criminales debieran ser encerrados no según la simpatía que según alguien despiertan en el público, sino en función del peligro que representen.
¿Quien es ese alguien a quien me refiero?. Cuando nos resulta imposible conocer la pena que se aplica a cada delito, esta queda, inevitablemente, en la opinión de quien detente la decisión. La seguridad jurídica se basa en el conocimiento fiable de cómo reacciona la Administración, y sobre todo el sistema de justicia, pero cuando las decisiones se convierten en una cuestión de opinión y sentimientos es imposible conocer cual será el comportamiento del órgano decisorio, incluso si se conocen con anterioridad otros casos similares.

Si han tenido tratos con la administración, es muy probable que hayan llegado a la conclusión de que las decisiones dependen exclusivamente de la opinión del funcionario, y no de leyes a las que podamos apelar. Se trata únicamente de un sentimiento, pero está por convertirse en real si examinamos el espíritu de las leyes y ordenanzas que se aprueban en la actualidad: muchas de ellas hacen referencias explicitas a que algo estará permitido en función de si existen informes positivos de los servicios técnicos, que deben considerar si entra dentro de lo que consideran correcto según su opinión.

Es posible que la opinión de los decisores sea justa, pero no tenemos ninguna garantía. De lo que podemos estar seguros es de que una ley adaptable a la opinión o conveniencia del momento siempre considerará correcta tal decisión. ¿Existe alguna seguridad en tal caso? ¿Alguna forma de defenderse de las injusticias que se puedan cometer en nombre de la ley?.

Mayo 21, 2004, 4:12 PM | Comentarios (0) |

Tolerancia

También parecen existir dos concepciones del uso de la palabra tolerancia: El basado en el respeto al individuo y el que siempre se basa por principio en el respeto a ciertos colectivos. Parece una distinción absurda, pero es el principio y justificación de los significados que nos encontramos en la realidad.

La tolerancia está indisolubemente ligada al concepto de libertad como la capacidad de tomar decisiones que los demás consideran inadecuadas, equivocadas, inmorales o incorrectas y cargar con las consecuencias. Corresponde a la convicción que nadie es más capaz que el propio individuo para decidir sobre su propia vida, o a la expresión vulgar "vive y deja vivir".

Pero constantemente nos encontramos con un significado de la tolerancia completamente diferente al anterior, es el practicado por los colectivistas: aquellos que desean imponer su visión de lo correcto a los demás. Estos únicamente consideran que puede existir la tolerancia si todo el mundo comparte sus creencias, no en vano consideran que estas son la verdad absoluta.

El primer concepto de tolerancia implica la necesidad de soportar aquellas conductas que no nos agradan, y en las que no estamos de acuerdo, y la defensa de la capacidad individual, propia y ajena, para dirigir la vida propia como se considere mejor. No ha de entenderse esta como la renuncia a la crítica a las ideas o conductas ajenas, pues esto sería tanto como renunciar a las propias, sino a tratar de imponerlas.
Se entiende así la tolerancia como un valor universal y recíproco, lo que supone estar sometido a la crítica a las propias ídeas y conductas.


La segunda implica la defensa de la capacidad para imponer las propias creencias, mediante los métodos que se consideren más oportunos. No necesariamente se puede identificar a estos por utilizar métodos violentos, sino también por su voluntad de utilizar instrumentos "aceptables" de adoctrinación, como los medios de comunicación o educación públicos, o cualquier artimaña que les permita violentar el principio de igualdad ante la ley a favor de aquellos que comparten su ideología.

No es extraño entre los colectivistas utilizar la tolerancia para defender justamente lo contrario: la imposición de sus ideas. En un gran número de ocasiones se basan en agravios pasados, reales o inventados, contra su ideología para defender un trato de discriminación hacia sus "enemigos"; cualquier colectivista cree que sus ideas no son compartidas por el resto de los individuos porque hay una conjura contra ellos, y utilizan el victimismo incluso cuando se imponen a los demás por la fuerza.
Pero la mayor importancia no la tiene la lucha por las ídeas, sino por los medios necesarios para imponerlas. Al fín y al cabo en la moral colectivista no existe el libre albedrío, sino el determinismo, y por tanto, la dirección de la sociedad ha de ser impuesta desde los organismos de que dispone el Estado.

Mayo 20, 2004, 8:57 PM | Comentarios (1) |