1939-Ninotchka
1939-Ninotchka
1939-Ninotchka
La mayoría de las personas suele ser bastante respetuosas con las costumbres, independientemente de su origen. Tal cosa también se traslada al campo de las ídeas. Heredamos ideas puesto que no somos capaces de tener toda la información, ni conocer todos los puntos de vista sobre todos los temas.
Nuestras ídeas heredadas se basan en prejuicios derivados de las costumbres.
Por ejemplo muchos no conciben que la sanidad deba dejar de ser pública y estar sometida a las leyes del mercado, con el razonamiento de que es vital para el bienestar de las personas, y que estar sometida al mercado significaría que los pobres quedarían excluidos de la misma. Sin embargo muchas de las personas que tienen el anterior prejuicio creerían inconcebible que se les tratara de convencer de que debe privatizarse la producción y comercio de los alimentos, con los mismos argumentos (es vital y se excluiría a los más pobres).
Las mismas personas creen firmemente que los supermercados privados que conocen llevan a todo el mundo alimentos vitales y que un sistema público que los sustituyese sería desastroso, y al mismo tiempo creen que la privatización de la sanidad traería inconcebibles males a la misma.(1)
Esa es la moraleja de la película: Las personas aprenden a ser libres ejerciendo la libertad, teniendo un entorno donde poder actuar libremente. Es lo que les pasa a los enviados rusos a París(2).
Los seres humanos tienen mayor ocasión de desarrollarse como tales cuando no se les pone cortapisas artificiales a su naturaleza más primordial: la libertad.
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(1) No es que sean zoquetes, es que la fuerza de las costumbres y la ignorancia nos llevan a todos cogidos de la mano en la mayoría de lo que hacemos. Y casi siempre para bien.
(2) Y eso que los enviaron a París, fijénse como sería Rusia...
Comentarios
- El día 12 de Febrero 2008 a las 11:37 PM, Maxi Priest escribió:
Fue una película valiente en su tiempo y sigue sorprendiendo ahora. Yo la enlazaría con Uno, dos, tres de Billy Wilder.

