La Constitución como rueda de molino

Me gustaría que fuera normal que estuviésemos discutiendo sobre el sí o el no al tratado europeo en función de su bondad, pero ya ni se plantea la posibilidad. Se ha llegado a la conclusión apriorística de que los que votan “sí” son favorables a lo bueno, y los que votan “No” es que quieren lo malo, así de simple o adornado con artificios, como decir que los que voten “NO” son contrarios a la paz, a la protección de las mujeres ante el maltrato, a la igualdad entre sexos, a la democracia, a unas normas comprensibles (sic), al desarrollo sostenible, a los derechos humanos, a la solidaridad, la cohesión económica y social, el pleno empleo, la calidad del medioambiente o la conservación del patrimonio cultural europeo.

Es la formula tradicional y ya conocida que se empleaba (y se sigue haciendo) para defender las ideologías totalitarias, en un nuevo formato. Quienes nos oponemos al tratado y preferimos otras alternativas pasamos al grupo de los que no podemos tener buenas intenciones, y por tanto, aquellos a quienes no se debe escuchar. Y si no se debe escuchar a quienes se oponen, ¿Cómo demostrar que lo que se trata de imponer es malo?, no hay discusión posible.

Por desgracia son mayoría los que al votar “sí” no lo van a hacer por este texto, sino por todas las ideas que, equivocadamente, han asociado al mismo.

A tal punto ha llegado el dogma, que algunos opinan que el texto es bueno sin haberlo leído, otros independientemente de lo que diga, y algunos incluso apoyarán el “sí” reconociendo que el tratado es malo. Se pueden rebatir los argumentos, pero no se puede rebatir la nada. ¿Para qué entonces un referéndum?.

Escrito por yoz en: Febrero 14, 2005 8:25 PM | Derecho

Comentarios

El día Febrero 14, 2005 a las 9:00 PM, Astur-Leones escribió:

Es la teoría del "papel de regalo". Si el continente gusta, no importa el contenido, ábrelo!

Luego sale el el mosntruito del muelle y la gente se lleva el susto.

El día Febrero 15, 2005 a las 12:37 AM, Carlos escribió:

Yo me voy a abstener, no por convicción, sino por que he perdido mi voto negativo junto con el certificado para votar por correo.