Llora como progre lo que no supiste defender como hombre de bien.

Decía en el anterior artículo que una de las condiciones indispensables para la integración de los inmigrantes era que tuvieran los mismos derechos y obligaciones que los nacionales.
Parece de perogrullo decir esto, pero después de ver los primeros anuncios del nuevo gobierno respecto al cumplimiento de las penas, los altercados en los que no se detiene a nadie, el respeto por los derechos del delincuente y el olvido de la víctima no parece tan descabellado recalcar lo obvio.

En primer lugar cuando a un delincuente se le mete en la carcel no se le está privando de ningún derecho, se está actuando para hacer efectivos, mediante su defensa, los derechos de los demás. Es muy bonito pensar que hablando el delincuente se dará cuenta de que lo que está haciendo no es correcto y se arrepentirá, pero creer que esta medida, por sí misma, va a acabar con el delito, no es nada realista. El miedo al castigo también es una medida contra el crimen.

En segundo lugar, sin duda es muy duro estar en la carcel y cumplir condena, y debemos preocuparnos por la situación del delincuente. Pero es mucho más duro para una víctima saber que un delincuente ha cometido el crimen alentado por la seguridad de que no va a recibir castigo o este va a ser leve.

Si el gobierno sigue en la misma tónica, se repetirán viejas historias: Primero se deja de aplicar el Estado de Derecho, con la justificación de que hay que hablar con los delincuentes y que las condenas no sirven de nada.
Después, cuando la delincuencia aumenta, volvemos a oir aquello de que el Estado de Derecho no funciona. ¡El Estado de Derecho que se niegan a aplicar!
Más adelante, sacan las terribles consecuencias, dicen que hay que negociar con los terroristas o montan un GAL, o aceptan que se practique la ablación a las niñas. El círculo se cierra entonces, pues la justificación para no aplicar el Estado de Derecho lleva al fracaso del mismo.

Y todo, porque alguien que confunde a delincuente y víctima, es el encargado de manejar el monopolio de la violencia del Estado.

Escrito por yoz en: Agosto 23, 2004 8:06 PM |

Comentarios

El día Agosto 23, 2004 a las 9:03 PM, josé maría escribió:

Es que si llegamos a estas situaciones límite surgirán cada vez más personas que individual o colectivamente apliquen su peculiar visión de lo que es justo y entonces sí que se acabará con el Estado de Derecho porque finalmente un grupo fuerte se hará con el poder y aplicará la ley que le parezca. En el pasado hubiera sido el Ejército, actualmente no estoy seguro de su papel, aunque se me hace inconcebible que permaneciera impasible.

El día Agosto 24, 2004 a las 1:43 AM, arboladura escribió:

Cuando una parte significativa de una sociedad deja de creer en sí misma, pasan estas cosas.
El problema, para mí, es que esos descreidos me están arrastrando por unos calveros tan yermos como sus ideas.
¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar?. La inacción es el suicidio, pero el enfrentamiento directo con ellos esta vetado por las reglas del juego, reglas que, por cierto, ellos no respetan.
Sólo se me ocurre la separación, la potenciación de una sociedad paralela, con sus centros educativos y culturales, sus medios de comunicación y, si las cosas se ponen feas, sus grupos de autodefensa.
Aplicar los principios liberales a situaciones atípicas, adaptandolas al mundo abisal que nos está tocando vivir.
Os parecerá una idea de locos, pero es que barrunto que con el diálogo y el talante se me van a llevar a gineceo a hacer cosas feas. Y no me place.