Tolerancia
También parecen existir dos concepciones del uso de la palabra tolerancia: El basado en el respeto al individuo y el que siempre se basa por principio en el respeto a ciertos colectivos. Parece una distinción absurda, pero es el principio y justificación de los significados que nos encontramos en la realidad.
La tolerancia está indisolubemente ligada al concepto de libertad como la capacidad de tomar decisiones que los demás consideran inadecuadas, equivocadas, inmorales o incorrectas y cargar con las consecuencias. Corresponde a la convicción que nadie es más capaz que el propio individuo para decidir sobre su propia vida, o a la expresión vulgar "vive y deja vivir".
Pero constantemente nos encontramos con un significado de la tolerancia completamente diferente al anterior, es el practicado por los colectivistas: aquellos que desean imponer su visión de lo correcto a los demás. Estos únicamente consideran que puede existir la tolerancia si todo el mundo comparte sus creencias, no en vano consideran que estas son la verdad absoluta.
El primer concepto de tolerancia implica la necesidad de soportar aquellas conductas que no nos agradan, y en las que no estamos de acuerdo, y la defensa de la capacidad individual, propia y ajena, para dirigir la vida propia como se considere mejor. No ha de entenderse esta como la renuncia a la crítica a las ideas o conductas ajenas, pues esto sería tanto como renunciar a las propias, sino a tratar de imponerlas.
Se entiende así la tolerancia como un valor universal y recíproco, lo que supone estar sometido a la crítica a las propias ídeas y conductas.
La segunda implica la defensa de la capacidad para imponer las propias creencias, mediante los métodos que se consideren más oportunos. No necesariamente se puede identificar a estos por utilizar métodos violentos, sino también por su voluntad de utilizar instrumentos "aceptables" de adoctrinación, como los medios de comunicación o educación públicos, o cualquier artimaña que les permita violentar el principio de igualdad ante la ley a favor de aquellos que comparten su ideología.
No es extraño entre los colectivistas utilizar la tolerancia para defender justamente lo contrario: la imposición de sus ideas. En un gran número de ocasiones se basan en agravios pasados, reales o inventados, contra su ideología para defender un trato de discriminación hacia sus "enemigos"; cualquier colectivista cree que sus ideas no son compartidas por el resto de los individuos porque hay una conjura contra ellos, y utilizan el victimismo incluso cuando se imponen a los demás por la fuerza.
Pero la mayor importancia no la tiene la lucha por las ídeas, sino por los medios necesarios para imponerlas. Al fín y al cabo en la moral colectivista no existe el libre albedrío, sino el determinismo, y por tanto, la dirección de la sociedad ha de ser impuesta desde los organismos de que dispone el Estado.
Comentarios
- El día Mayo 20, 2004 a las 11:47 PM, José Carlos Rodríguez escribió:
Muy buena observación. Hacen uso de la palabra tolerancia, que debía ser cercana a la libertad, pero para luchar (¿podía ser de otro modo?) contra ésta.

